Ni Rastro queda de los talleres en los que los curtidores que durante siglos se albergaron en estas calles, donde exponían y desarrollaban sus trabajos para atender las necesidades de los habitantes de los barrios castizos madrileños. Las pieles han dado paso a los puestos de antigüedades, cómics, decorados para el hogar… rincones que nos llevan a corralas en las que imaginamos las voces de aquellos artesanos.

Cada domingo, entorno al monumento al soldado Eloy Gonzalo, tenemos unas calle repletas de tenderetes que llaman nuestra atención.
Pero... ¿habéis probado a curiosear detrás de ellos?